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jueves, 20 de junio de 2019

Tarragona 1812. Una ciudad desierta. Corsarios, Rehenes y Caragirats.




Después de la caída de Tarragona en la tarde del 28 de junio de 1811, la población civil de la ciudad se hallaba tan afectada que más bien parecía una imagen de ciudad desierta. Muchas de sus casas habían quedado destruidas por el fuego y por doquier abundaba la suciedad, ruinas y crecía la mala hierba en sus calles.


Salvo por la guarnición francesa de unos 1500 hombres, solo se paseaban por las calles un puñado de pobres civiles, supervivientes de la terrible masacre del año anterior, pero éstos apenas no superaban las 200 personas. También se podía ver algún rehén que andaba cabizbajo después de haber sido secuestrado en los pueblos de la comarca por impago de “contribuciones.” Los rehenes eran retenidos bajo amenaza de ser fusilados y su libertad dependía de un rescate en forma de dinero, ganado, gallinas, pan, cebada, trigo, vino o incluso sabanas o colchones.

La cobranza de las crecidas contribuciones impuestas por los franceses era tan frecuente y tan ardua que en marzo 1812 empezó a morir de hambre la población en los pueblos. En Valls, se contaba:

Bastante gente se alimentaba de hierbas [...] El pan que amasaban las casas particulares tenía que ser custodiado por fuerza armada, al ser llevado y traído de los hornos de la villa, a fin de evitar de este modo el que fuese robado por la hambrienta muchedumbre.
Por las calles de Bràfim, a 20 kilómetros de Tarragona, se veían a personas descoloridas, hinchadas o abotargadas de cara y piernas, también secos y de color negruzco, que se caían por las calles y caminos, muriéndose algunos de hambre, por no tener que trabajar ni comer.

El médico del pueblo vio morir 63 personas en Bráfim y Vilabella en el corto espacio de tres meses, aunque en los dos pueblos no vivían más de 500 vecinos.

Por este tiempo aumentaron hasta lo sumo los ladrones públicos que se llamaron embrollas, muchos eran desertores del ejército español. Contra ellos, se levantó una compañía de paisanos que provenían de todos los pueblos que los perseguían y fusilaban sin miramientos allí donde los encontraran.


El nuevo gobernador en Tarragona era el general Bertoletti, que tenía bajo sus órdenes dos batallones; uno francés del regimiento de línea 20º y otro italiano del 7º. Estos soldados manejaban los cañones en el Milagro, vigilaban el mar desde la altura del Pretori y a veces salían a saquear los pueblos. Sin embargo, Bertoletti tenía a sueldo otros cuerpos irregulares para hacer el trabajo sucio de abducir rehenes, lo cual hicieron, principalmente, de entre los curas y los más acaudalados de los pueblos insolventes:

Los conductores de estas personas eran regularmente los paysanos dados al enemigo, que eran la gente más vil y despreciable, las heces de nuestras tropas que havían desertado, y los franceses se servían de ellos para las cosas políticas y poco para la guerra. Nosotros los llamábamos caragirats, en el pla de Barcelona y Vallés brivallas, en el Empurdá perrots, en Urgel de la policía, e iban vestidos de uniforme francés y ellos nombraban partisants, gendarmes, etc.
Estas partidas iban de noche por los pueblos para secuestrar a la gente, a veces haciendo grandes capturas por todos los pueblos. Según escritos, una vez en Tarragona:

A los primeros días los dexaban ir libres por la ciudad; si no pagaban los encerraban en una casa sin darles que comer ni utensilios de que servirse; si tampoco pagaban los estrechaban en un castillo; y llegaron a intimar a los de Valls, Vilabella y otros que dentro ocho días, en caso de no pagar, cada día se sortearía uno de los presos para afusilarlo. Así lograban lo que querían.
Desde el puerto de Tarragona operaba otro grupo de gente vil. Eran corsarios a sueldo de los franceses, pero su eficacia se veía afectada debido a la presencia disuasiva de las fragatas pertenecientes a la Royal Navy que patrullaban por toda la costa.

El ejército español también hizo acto de presencia con frecuencia en el Campo de Tarragona, llegando a ocupar Reus en numerosas ocasiones y evitando que las tropas francesas o sus secuaces salieran de Tarragona. Los corsarios, en alguna ocasión, también se llevaron un susto cuando soldados españoles atacaron por sorpresa el puerto y tomaron el cargo de harina de un barco, e incendiaron otro.

Otro día, en Vila-seca, un batallón francés del regimiento 121º que marchaba a Tarragona desde Tortosa, fue emboscado y destruido por tropas del barón de Eroles y el capitán general Lacy. Los napoleónicos sufrieron 200 muertos y otros 550 hombres fueron llevados como prisioneros.


Las diferentes divisiones españolas, bajo el mando de líderes como; Eroles, Lacy, Sarsfield, Manso, Milans y Villamil estaban en continuo movimiento, yendo y viniendo por todos los pueblos. Combatían con frecuencia a los franceses en numerosas batallas y escaramuzas, pero también necesitaban víveres, con lo cual, la gente les tenía que hacer contribuciones también. El médico de Bràfim decía: “Nosotros pagábamos a ambos”.

Cuando se marchaba una división española a otra parte, los franceses corrían para ocupar o saquear de nuevo Reus o Valls. Quemaron casas, mataban a gente y cometieron brutalidades con las mujeres. 


Cuando alguien se vengaba y mataba a un soldado francés rezagado, llegaban las inevitables represalias. La orden publicada por las autoridades de la ocupación era fusilar a quien matase un francés:

si no se sabía el reo se afusilase al dueño de la casa o tierras donde se hallase el cadáver, o el más cercano al camino, casa o calle, y además se pagase una contribución arbitraria entre los habitantes del pueblo o término donde suceda; y hasta haver pagado se incendiase cada día una casa. Y si nada de esto podía verificarse, se afusilasen las diez personas más principales del pueblo.
En 1812, la gente vivía mal, obedecía y alagaba en público a los enemigos y los aborrecía secretamente. La actividad de las fuerzas de la resistencia aumentaba, sin embargo, la guerra parecía que duraría algunos años más.







miércoles, 13 de febrero de 2019

La Royal Navy en Perello y La Ampolla en abril 1813





A finales de marzo de 1813, un buque de guerra británico se encontraba fondeado en la bahía de Salou. A bordo, el capitán Charles Adam del HMS Invincible reflexionaba sobre una solicitud de ayuda que acababa de recibir del barón de Eroles, un célebre líder de la resistencia contra la invasión napoleónica.

Capitán Charles Adam del HMS Invincible

Eroles deseaba que los ingleses participasen juntos con sus fuerzas en un ataque contra puestos enemigos situados en los pueblos de La Ampolla y Perello, cerca de la desembocadura del rio Ebro.

En el primer caso los franceses habían montado cañones para ofrecer protección a un grupo de corsarios cuyos barcos se refugiaban en Ampolla y que se dedicaban a asaltar el comercio que pasaba por la zona. Estos mercenarios a sueldo de los franceses también servían como una furtiva comunicación con la guarnición de la Tarragona ocupada.

Al mismo tiempo, en Perello, a unos cuatro kilómetros de Ampolla se había instalado una guarnición de soldados franceses con el propósito de apoyar el destacamento en la costa en caso de que fuese necesario. El hecho de que también había guarniciones francesas importantes en Tortosa y Tarragona les hicieron sentir seguros en esta parte de la costa.

Eroles pensaba el contrario, por confiar demasiado tenía previsto asestarles a los napoleónicos un golpe audaz, atacando por sorpresa a los dos puestos a la vez desde tierra y mar.

El baron de Eroles

Por su lado, el capitán del Invincible encomendó el parte inglés de la misión al primer teniente de su navío, el teniente Joseph Corbyn que, tenía ordenes de bajar por la costa con dos barcazas de la Royal Navy armadas con carronadas y un falucho español lleno de tropas. Esta partida zarpó de la bahía de Salou la tarde del uno de abril mientras Eroles preparaba el ataque sobre Perello para la mañana siguiente.

Una Felucca

Corbyn y sus hombres desembarcaron a la una de la madrugada a dos millas de Ampolla, dejando atrás a las barcazas con el propósito de tomar completamente por sorpresa a los soldados que vigilaban los cañones. Estos resultaron ser dos y de calibre 18.

Nada más llegar, el primer centinela que encontraron fue muerto a tiros por los marineros que en seguida giraron los cañones para dirigir su fuego contra una casa fortificada donde, a poca distancia, se encontraban el resto de los franceses. Sobrecogidos por el ataque relámpago, no tardaron en huir por la puerta de atrás. La misión fue cumplida en poco tiempo.


Unas horas más tarde, al alba, el barón de Eroles, cuyas tropas ya rodeaban el pueblo de Perello, envió uno de sus oficiales con una bandera blanca para obtener la rendición de la guarnición. Al ser rechazado, dio el orden de comenzar el asalto y pronto las tropas españolas estaban escalando las murallas y adentrando en el pueblo, disparando sus mosquetones y lanzándose a la carga de la bayoneta. Durante la fase principal del ataque dos soldados españoles cayeron muertos y otros seis fueron heridos. Los franceses, atacados por todos los lados se retiraron rápidamente a una gran torre de forma cuadrada y fortificada en el centro del pueblo desde donde mantuvieron un nutrido fuego de mosquetería contra sus atacantes.

Uniforme de teniente inglés de la Royal navy

Eroles sabia que el tiempo era un factor importante, más tiempo que tardó en acabar con los franceses en Perello, más posibilidad existía que llegarían refuerzos enemigos desde Tortosa para socorrerles. El ataque contra la torre fortificada duró horas y a estas alturas toda la población de la zona sabía que ocurría. La guerra había llegado a sus pueblos.

Texto de The Royal Navy Biography, London 1833.

Por la tarde llegó delante de Ampolla el buque HMS Invincible que, informado de la tensa situación por el teniente Corbyn, en seguida desembarcó dos cañones de campaña.

Corbyn, ayudado por el teniente Pidgley, un guardiamarina y una docena de marineros ingleses los llevaron los cuatro kilómetros que separa La Ampolla de Perello, siempre pendientes por si apareciera la caballería enemiga. Al llegar al pueblo los dos cañones fueron colocados en una casa cerca a la torre y por la mañana del día 3 abrieron fuego contra ella.

El camino de Ampolla a Perello
Durante las próximas horas el ruido era tremendo y el fuego intenso. Un soldado francés murió y fueron heridos otros tres antes de que se abriera dos brechas en las paredes de la Torre. Temerosos de las consecuencias de un asalto de la infantería, los franceses que quedaban decidieron rendirse. Al final, salían con las manos en el aire, un teniente y treinta y tres soldados.

En Ampolla los barcos de los corsarios fueron tomados como presas por el capitán Charles Adam. El barón de Eroles habló muy favorablemente de los servicios prestados por el teniente Corbyn. Un hecho que influyó en la trayectoria profesional de aquel teniente que logró alcanzar el rango de capitán en junio del año siguiente.

jueves, 19 de julio de 2012

Preguntas de colonel Skerrett 26 de junio 1811

Después de pasar entrevistas exhaustivas y superar la burocracia para obtener los permisos necesarios para acceder a varios archivos de manuscritos de puerta cerrada ubicados en el Reino Unido, he podido entrar y hacer aproximadamente 650 fotos de documentos relacionados con el asedio de Tarragona de 1811. Todos ellos inéditos.

                                 

Entre ellos se encuentran;

Memorias, mapas, informes, listas y cartas de los protagonistas españoles tales como; Senen de Contreras, El Marques de Campoverde, Brigadier Sarsfield, Juan Caro, Gobernador Gonzalez, y británicos como; Carlos Doyle, Capitán Codrington, Coronel Green y Coronel Skerrett.

Hay listas, estilizadamente escritas con pluma y tinta, de las cantidades de suministros, los números de bajas e evacuados, listas de desertores italianos con sus nombres y apellidos y listas de las cantidades de las tropas presentes en ambos bandos. También hay Informes sobre el estado del fortín del Olivo, testimonios de los combates en el puerto y descripciones de los oficiales españoles hechas por los británicos.

Se encuentra el informe de Skerrett, el coronel inglés que acudió a Tarragona en los últimos días del asedio junto con otros dos informes de oficiales británicos de artillería e ingenieros que inspeccionaron las murallas en la Rambla. Incluso hay un informe de un oficial británico que, sensible al carácter catalán, recomendó la formación de regimientos con nombres tales como “Montserrat” y “Bruch”. En fin, la documentación es demasiado amplia para detallarla toda aquí.

Más adelante expondré extractos de dos de aquellos documentos. Uno trata de una lista de preguntas escrita por el Coronel Skerrett durante los últimos días del asedio, en el otro aparecen las respuestas que él recibió.
                                         



Skerrett llegó a Tarragona con 1178 soldados ingleses dos días antes de la caída de la ciudad. Su presencia en los sucesos ha sido, durante años, sujeto de especulaciones erróneas debido a una falta de información disponible sobre los hechos.

Al llegar a Tarragona el mal estado del mar no permitió el desembarque inmediato de las tropas inglesas que se encontraban hacinadas como sardinas en unos barcos de transporte. Además, los franceses que ya habían conquistado el área del puerto, tenían a tiro el lugar propuesto por el desembarco de dichas tropas. Solo quedaba la parte alta en manos de los defensores.

Nada más llegar, Skerrett  presentó su lista de preguntas escritas a otro oficial británico, el General Charles William Doyle; que había estado presente durante todo el asedio y por lo tanto era más indicado para informar sobre la situación y tomar decisiones relativas al tema.

Para facilitar la lectura he combinado las preguntas de Skerrett y las respuestas de Doyle de los distintos documentos mencionados en párrafos anteriores. 



 1. Cual es el numero de los franceses empleados en el asedio mismo?

Por ningúna fuente encontramos que excedan a 9000 soldados de infantería y 600 caballería (Suchet el Comandante)


2. Cual es el número de soldados en la Guarnición?

Alrededor de 7000 infantería y 50 caballería.


3. Cuanto tiempo puede resistir la guarnición sin apoyo?

General Contreras, el oficial al mando de Tarragona no parece pensar que puedan resistir muchos días: nunca he podido conseguir de él una respuesta de cuantos días exactamente, pero ha hablado ocasionalmente sobre la necesidad de que Campoverde atacara al enemigo inmediatamente porque no podría resistir más que unos pocos días. Esta fue su opinión que me dio hace tres días pero desde entonces ha fortificado las calles y ha tomado medidas que indican una intención de resistir unos días más. Debo informar sobre la resolución que tiene Contreras de no rendirse, pero cuando la defensa ya no sea posible, tiene la intención de sacar toda la guarnición a través de las líneas enemigas (al norte de la ciudad), pero antes de que sea necesaria se espera que el Marques de Campoverde ataque al enemigo permitiendo así la cooperación de Contreras con un grupo elegido de 4000 hombres. Se debe mencionar que el enemigo aun no ha disparado contra las murallas de la ciudad; pero no se cree que las murallas pueden resistir más de 24 horas una vez que empiezan a abrir fuego, que probablemente empiece mañana al alba. Una vez abierta y asaltada una brecha (…) la defensa se reducirá a las casas de enfrente en la calle llamada Rambla (…)


4. Dónde esta Campoverde y su ejercito y cuantos son?

Hace dos días Campoverde estaba a 5 horas de aquí en Vila rodona. Ahora dicen que esta en el Vendrell: esta fuerza consiste entre 8000 y 9000 soldados de infantería, 2000 de los cuales se pueden considerar como algo entre soldados y campesinos armados. Tiene 900 o mil de caballería.

                                                                  
5. Tiene Campoverde una verdadera intención de socorrer la ciudad?

No dudo de su intención de intentar socorrer a Tarragona, aun más ahora que el general Sarsfield se ha reunido a él. si algunas personas que rodean a Campoverde tuvieran la suficiente influencia para frenarle (por motivos traicioneros) no estoy dispuesto a decirlo.

                                         
6. Pueden las fuerzas británicas colaborar en tal intento?

La fuerza británica, podría desde luego, (en el estado actual de las cosas) cooperar o uniendo a Campoverde o desembarcando en la guarnición; Quiero decir que la costa esta abierta para poder hacer uno o el otro, pero es necesario que digo algo sobre ambos posibilidades antes de poder recomendar de cualquier manera cual medida a adoptar.


7. Puede la fuerza Británica desembarcar en la ciudad con sus suministros y municiones?

La fuerza británica puede ser desembarcada si la mala mar disminuye.


8. Pueden ser éstas retiradas en caso de capitulación de los españoles u otra necesidad?

Creo que sería imposible volver a embarcarlas si consideramos el estado actual de los acontecimientos, ya que el lugar de embarcación esta bajo el fuego cruzado, y con el avance de las operaciones enemigas también se incrementarán aun más las dificultades.


9. Se puede mantener una comunicación constante entre las fuerzas británicas, si son desembarcadas, y la escuadra de su majestad para poder garantizar la retirada?

Contestado en la numero 8


10. Cual es el carácter del comandante español de la plaza?

En mi opinión el general Contreras me parece un buen español (…), y un hombre de acción y culto. Su mente esta militarizada y bien organizada. Pero en relación a sus talentos militares como General, no puedo hablar ya que le he conocido hace poco tiempo, aunque desde luego a primera vista, da una impresión muy favorable si le comparamos con otros generales españoles.



11. Cual es el carácter de Campoverde?

Estoy convencido que las intenciones del Marqués son buenas pero no le sirven de nada a consecuencia de algunas de las personas que le rodean, pues, por un motivo u otro, le han distraído y siguen haciéndolo.


12. Si la fuerza británica desembarca en la ciudad con sus provisiones, podría contribuir a la seguridad definitiva?

Podría contribuir a la prolongación de la defensa por varios días, pero desde luego no contribuiría a salvar definitivamente a la ciudad, lo cual creo que depende de los resultados de la acción del Marqués,  que creemos que tendrá lugar mañana al alba.

                                      

13. Es practicable que combinemos un ataque sobre los franceses con el ejército de Campoverde?

El ataque del Marqués combinado con la guarnición ya esta planificado y los británicos pueden desembarcar bajo cobertura de nuestra flota en casi cualquier parte de la costa.


14. Cual es la cantidad y situación del resto de las fuerzas francesas en esta parte de España?

Todas están en la proximidad inmediata de Suchet para poder asistirle ahora mismo. No hay ni un hombre en Mora del Ebro, a 2 días de marcha de Suchet. General Abbe tenía un Cuerpo de 3500 soldados de infantería y 300 caballería. Si parte de este cuerpo ha unido fuerzas con Suchet, no lo puedo decir. Oímos que 1500 hombres habían sido enviados por el General Abbe, de los cuales, 150 son caballería pero había un informe que decía que habían regresado de nuevo, aunque no lo creo. Por lo tanto, diría que en Mora hay 2000 infanteria y 150 caballería.


15. Y la de los españoles?

No hay cuerpo español en Catalunya independiente, todos se encuentran bajo el mando del Marqués de Campoverde.


16. Supongamos que los británicos desembarcan en la ciudad sin la posibilidad de recibir apoyo de municiones, provisiones ni medicamentos. Ya se encuentran suficientes suministros en la plaza?

Seguramente no se encuentran provisiones en la ciudad, particularmente medicinas.Tienen provisiones para su actual guarnición para alrededor de tres semanas. No medicinas.


17. De su conocimiento de la posición de los ejércitos y el terreno, (…), qué me aconsejáis para promocionar mejor la causa española y el bien del servicio?

El tiempo ahora previene de la posibilidad de desembarco, incluso si ésto fuera de vital importancia, pero confieso que creo, bajo las actuales circunstancias, que nada debe inducir a Skerret a desembarcar la pequeña fuerza británica bajo sus ordenes en la ciudad de Tarragona, excepto si hubiera la certeza de un ataque inmediato por parte de Campoverde y una salida de la guarnición, en lo cual los británicos podrían tomar parte.

(Firmado) C Doyle


Nota: Durante la última y dramática fase del asedio no existía un plan pertinaz para resistir el asalto de los franceses contra la parte alta, pero sí había un plan para sacar a la guarnición de la ciudad en una salida sorpresa por el camino de Barcelona. Esperaban abrirse paso y escapar. Con este fin el barón de Eroles fue nombrado para dirigir dicha salida.

Para que el plan tuviera éxito era necesario que Campoverde, con sus casi 10,000 hombres, lanzase su ataque simultáneo desde el norte.

Mientras se esperaba la llegada de Eroles para poner en marcha la operación, Skerrett y un grupo de oficiales ingleses decidieron ir en persona para ver a Campoverde en el Vendrell y allí consultarle sobre la manera más eficaz de incorporar la fuerza inglesa en el plan.

Para la consternación de los ingleses, encontraron en el campamento del Marqués una falta total de cordialidad entre los generales españoles y se había perdido toda subordinación al Marqués. Los generales incluso se reían de él.

En la documentación descubierta hay notas sobre la conversación que tuvo lugar entre Campoverde, Sarsfield y Skerrett.

Campoverde creyó que Contreras se oponía a todos sus planes y no obedecía sus órdenes. Opinaba que un ataque sobre los franceses no podría tener éxito debido a que 3000 de sus hombres nunca habían disparado una arma y los 4000 Valencianos, ya bajo su mando, no habían estado nunca en combate.

En un informe inglés se remarcó: “Campoverde no parecía estar a la altura para la tan importante situación en que se encontraba.”

Durante la conferencia, el brigadier Sarsfield, quien indiscutiblemente había luchado con más energía y determinación que ningún otro oficial en la defensa de Tarragona, adelantó su opinión privada a los ingleses. Decía estas palabras: “En ningún caso desembarquéis vuestras tropas, porque si lo hacéis,  podéis estar seguros que serán sacrificadas”.

Al parecer, Campoverde no tenía intención alguna de llevar a cabo el plan de un ataque contra los franceses. Prueba de ello es que el Marqués, durante la misma reunión, comunicó a los ingleses su deseo de que 4000 hombres de la guarnición fueran embarcados para venir, por mar, a unirse a él. No mencionó qué pasaría con las tropas que se quedarían aisladas y abandonadas a su suerte en la ciudad. Además, durante la conferencia, sugirió que la fuerza inglesa podría desembarcar en el Coll de Balaguer para crear una distracción cerca de Mora del Ebro.

(Fue en ese preciso momento donde se esfumó toda esperanza de socorro para la Tarragona asediada).

Después de la conferencia, uno de los oficiales británicos presentes, el Coronel Green, escribía en su informe lo siguiente:

“Hay que observar que durante toda la conferencia, el Capitán General parecía un hombre que había perdido la razón;- una peligrosa irresolución y debilidad y un evidente desequilibrio marcó su conducta”.

De vuelta a Tarragona el pequeño grupo de oficiales se encontró con el paisaje esperpéntico que ofrecía la ciudad en llamas.